miércoles, 30 de marzo de 2011

Poul Anderson. La nave de un millón de años

He estado leyendo últimamente la nave de un millón de años
de Poul Anderson. Como sabéis es un autor que ha escrito cosas importantes en el género de la ciencia ficción. No he tenido la oportunidad de leer nada de este autor excepto esta novela que ha sido publicada en edición de bolsillo recientemente. Antes de seguir aviso de que hay spoilers en los siguientes párrafos, por lo que si no has leído la novela y pretendes hacerlo, es el momento de parar. Si tienes mala memoria puedes seguir adelante. También hay interpretaciones muy subjetivas.

A primera vista, parece que el autor escribió algunos relatos sobre el fenómeno de la inmortalidad y posteriormente generó el resto para completar la  historia. De ahí proviene la falta de intensidad y la sensación de elemento independiente que provocan algunos capítulos, además de sopor. Probablemente hubiera sido mejor novela si hubiera comenzado in media res o si hubiera sido más larga en algunas partes más corta en otras, desarrollando algunos personajes que completan la necesaria quota. Aun así, aunque es una novela que no va a pasar a los anales de la literatura,  es un libro en general correctamente narrado.

Dicho esto, la parte final de la novela me parece muy interesante: se plantea en dicha sección qué le sucede al ser humano en el lejano camino de una evolución a un estadio superior. Cuando la lotería genética decida que el ser humano ya no lo es más, un nuevo estadio aparecerá en la historia  y se alcanzará algo nuevo. Este último estadio no tiene por qué ser maravilloso ni tiene por qué convertir al ser humano en un pozo de sabiduría. Puede que, en lugar de las típicas fantasías de las malas novelas (o de algunas buenas), el ser humano devenga en una especie de parásito de los medios electrónicos, servido por máquinas propias en sus necesidades y ausente del mundo real.  Recordemos que esta historia fue escrita en el año 1989, antes de que Internet llegará a su explosión. Tampoco es que fuera una especie de inspiración divina, otros títulos del género estaban ya tratando del asunto y la ciencia ficción en la década de los 80 fue fructífera. Neuromante, por citar una historia, es del 84.  

En este panorama y para realizar un juicio sumarísimo sobre esta situación evolutiva, no hay nada mejor que colocar en el centro de la historia a un grupo de personas que, con mayor objetividad real que cualquier individuo de esta nueva especie evolucionada, podrá mostrarnos a través de sus ojos el veredicto: un grupo de inmortales. Todos ellos  nacidos en épocas anteriores al cambio, en situaciones en que ha existido y luchado el ser humano tal y como lo  conocemos. Mientras el cambio se produce , el autor nos contará el desencanto enorme, la falta de motivación y el desespero que produce en estos inmortales la nueva humanidad, que no alberga un sitio para ellos. La visión de alguien que ha vivido miles de años juzga con dureza la evolución tecnocrática y el aislamiento individual. Este ecosistema en el que intentan seguir sobreviviendo, surgido del devenir de los tiempos,  expulsa por inercia a estos individuos anacrónicos.

En esta disyuntiva aparece la oportunidad de escapar a lo desconicido y a la aventura, al espacio infinito poblado de estrellas y mundos fértiles para estos inmortales, humanos antiguos. Se lanzan a ello y descubren que otras civilaciones han sentido el mismo impulso y que vagan por el espacio en busca de conocimiento y otras especies. En este punto  se celebra el segundo juicio sumarísismo. Estos viajeros alienígenas que se encuentran con los inmortales en el espacio consideran a los quedan en la tierra como algo sin interés, evolución en un camino inerte. Así lo demuestran uniendose en su periplo con los inmortales, que son 8 individuos, frente a un planeta entero.

El fin  último de todo este viaje para los inmortales es crear una nueva tierra. Un nuevo eden en el que darle otra oportunidad a la especia humana en el juego de trileros de la evolución. También es un canto a la vida tal y como la entendemos, una loa a la aventura y a lo desconocido personificada en unos seres que, a pesar de su inmensa edad, aún desean seguir adelante, aún desean seguir viviendo  cada día.

Tal y como lo he contado parece una novela de Coelho, es posible que la idea real del autor no estuviera alejado de algo sí. Interesante

No hay comentarios:

Publicar un comentario